Mallorca tiene una cara mucho menos conocida que sus playas, sus pueblos y sus paisajes. Es la de los sucesos que durante años ocuparon las páginas de los periódicos y que, en algunos casos, todavía siguen rodeados de preguntas.
Personas que desaparecieron sin dejar rastro, cadáveres que tardaron décadas en ser identificados y asesinatos en los que nunca llegó a existir una condena. Son los expedientes abiertos de Mallorca, investigaciones que, por diferentes motivos, no consiguieron cerrar todas las incógnitas.
Algunos casos se remontan varias décadas atrás. Otros han tenido avances con el paso del tiempo. Y en algunos todavía no existe una respuesta definitiva sobre qué ocurrió. En esta recopilación no vamos a presentar sospechas como hechos ni teorías como certezas. La diferencia entre estar investigado y ser condenado es fundamental.
Ángeles Arroyo: desaparecida en Palma en 1996
Uno de los casos más inquietantes es el de Ángeles Arroyo, una mujer de 61 años que desapareció en Palma en diciembre de 1996. Era propietaria de una hamburguesería y, según las informaciones publicadas posteriormente, poco antes de desaparecer había mantenido una discusión con un vecino del establecimiento.
La investigación policial se centró en esa persona, que llegó a ser detenida e incluso ingresó en prisión, pero nunca pudo ser juzgada al no aparecer el cuerpo de Ángeles. Décadas después, su desaparición continúa sin una resolución judicial definitiva. El caso fue relacionado años más tarde con otra desaparición ocurrida en Mallorca.
Margalida Bestard: otra desaparición sin cadáver
El 10 de octubre de 2007, Margalida Bestard, de 72 años, desapareció después de desplazarse hasta la zona de s’Arenal de Llucmajor para cobrar unos alquileres. La mujer era propietaria de varios inmuebles y había acudido a encontrarse con una persona a la que había vendido uno de ellos.
Después de aquel encuentro, no volvió a saberse nada de ella. La Guardia Civil investigó el caso y llegó a detener a un hombre que había tenido relación con Margalida. Sin embargo, la falta de pruebas suficientes impidió que se produjera una condena. Tampoco apareció el cuerpo de Margalida.
El caso adquirió todavía mayor relevancia porque aquel hombre había sido relacionado anteriormente con la desaparición de Ángeles Arroyo. No obstante, que una persona sea sospechosa o investigada no significa que judicialmente pueda considerarse responsable de un crimen. En este caso tampoco hubo una condena.
Ana Eva Guasch: una desaparición que dejó pocas pistas
Otro de los nombres que aparecen en la crónica negra de Mallorca es el de Ana Eva Guasch Melis, desaparecida en Palma en octubre de 2001. Su caso fue incluido entre las investigaciones consideradas prioritarias por los investigadores.
Su vehículo apareció cerca de su domicilio y algunas circunstancias encontradas durante la investigación hicieron pensar a los agentes que podía existir una pista relacionada con una persona ajena a la víctima. Sin embargo, las investigaciones no consiguieron esclarecer qué había ocurrido. El caso quedó durante años entre las desapariciones que continuaban sin respuesta.
El misterio del hotel Augusta
Hay otro caso especialmente llamativo porque demuestra que algunos misterios pueden tardar décadas en salir a la luz. Una mujer desapareció décadas antes y durante años su familia no supo qué había ocurrido.
En 2005, casi treinta años después de la desaparición, fueron encontrados restos humanos enterrados en el sótano de un hotel de Mallorca. La investigación permitió identificar los restos como los de la mujer desaparecida y reconstruir parte de lo sucedido.
Los investigadores llegaron a señalar a un presunto responsable, pero el delito había prescrito y no pudo producirse una condena. El caso demuestra que un expediente puede avanzar incluso muchos años después de los hechos, aunque eso no siempre significa que pueda terminar en una sentencia.

Cuando desaparece el cuerpo, desaparece también una parte de la respuesta
Una de las mayores dificultades de algunos de estos casos es precisamente la ausencia del cadáver. Sin cuerpo, la investigación puede enfrentarse a enormes dificultades para determinar cómo murió una persona, dónde ocurrió el crimen o quién pudo ser responsable. Eso ocurrió en las desapariciones de Ángeles Arroyo y Margalida Bestard.
En ambos casos se realizaron investigaciones y se siguieron diferentes pistas, pero nunca se localizaron los cuerpos. Para las familias, además, la incertidumbre puede ser especialmente dura. No existe un lugar donde despedirse, muchas preguntas permanecen abiertas y cualquier nueva pista puede volver a poner el caso en el foco años después.
Mallorca y sus desapariciones
Mallorca ha acumulado a lo largo de las décadas numerosos casos de personas desaparecidas. En 2008, un reportaje de El País repasaba varios de ellos y señalaba que la isla había sido escenario de desapariciones que seguían sin resolverse, incluyendo los casos de Ana Eva Guasch y de la británica Jacqueline Tennant.
En algunos casos se plantearon accidentes, fugas voluntarias o desapariciones relacionadas con terceras personas. Pero mientras no aparecen pruebas suficientes, muchas de esas posibilidades permanecen precisamente como hipótesis.

Los casos antiguos también pueden volver a investigarse
Uno de los elementos más interesantes de la investigación criminal es que un caso aparentemente agotado puede volver a abrirse cuando aparece una nueva pista. Una nueva tecnología forense, una identificación genética, una declaración o incluso el descubrimiento de unos restos pueden cambiar completamente una investigación.
El caso del hotel Augusta es un buen ejemplo: el hallazgo de restos humanos décadas después permitió poner nombre a una desaparición que llevaba años sin respuesta. Por eso, que un caso sea antiguo no significa necesariamente que haya dejado de tener interés para los investigadores.
Una historia que todavía no está cerrada
Hablar de expedientes abiertos de Mallorca no significa hablar necesariamente de investigaciones policiales que estén activas hoy. En algunos casos antiguos puede haber prescripción, fallecimiento de personas relacionadas con la investigación o ausencia de nuevas diligencias.
Por eso resulta más preciso hablar de casos sin resolver o de expedientes que todavía conservan incógnitas.
Lo que todos tienen en común es una misma pregunta: ¿qué ocurrió realmente? Y en algunos casos, décadas después, Mallorca continúa sin tener una respuesta definitiva.




