El triple crimen de Manfred Meisel

La madrugada del 12 de noviembre de 1997, una finca de la zona de s’Aranjassa, cerca de Palma, se convirtió en el escenario de uno de los crímenes más brutales y misteriosos de la historia reciente de Mallorca.

Tres personas fueron asesinadas a tiros: Manfred Walter Meisel, un empresario alemán de 49 años conocido en Mallorca como el “rey de la cerveza” por ser el propietario del popular Bierkönig; su hijo Patrick, de 8 años, y Claudia Leisten, una trabajadora alemana de unos 30 años que se encargaba del cuidado de las aves exóticas que Meisel criaba en la finca.

Los tres murieron en el mismo lugar y con un arma de pequeño calibre. Los responsables consiguieron escapar y, pese a los años de investigación, el triple crimen nunca llegó a tener una sentencia que estableciera quiénes fueron sus autores.

¿Quién era Manfred Meisel?

Manfred Meisel era uno de los empresarios alemanes más conocidos de la Mallorca de los años noventa. Había desarrollado buena parte de su actividad en la Platja de Palma, donde estaba al frente del Bierkönig, uno de los locales más populares entre los turistas alemanes.

El negocio generaba enormes cantidades de dinero durante la temporada turística. Según las informaciones publicadas entonces, podía llegar a facturar varios millones de pesetas al día en los meses de verano.

Pero el Bierkönig no era su único negocio. Meisel también había invertido grandes cantidades de dinero en la cría, importación y exhibición de loros, guacamayos y otras aves exóticas. En su finca había creado una importante instalación dedicada a estas especies y empleaba a varias personas especializadas.

Su actividad empresarial y el dinero que manejaba hicieron que, desde el principio, la policía investigara especialmente su entorno económico.

La noche del 11 de noviembre

La noche del crimen, Meisel se encontraba en su finca junto a su hijo Patrick. En las instalaciones anexas trabajaba Claudia Leisten, que tenía entre sus funciones vigilar las crías de aves durante la noche. La finca estaba protegida por una valla y contaba incluso con varios perros.

Sin embargo, los asesinos consiguieron acceder al recinto. Según la reconstrucción publicada años después por El País, los intrusos entraron primero en el edificio destinado a la cría de aves y desde allí accedieron a la vivienda a través de una ventana de la cocina.

Tres víctimas mortales

El primero en morir fue Patrick. El niño, que tenía ocho años, estaba durmiendo cuando los asesinos entraron en la vivienda. Recibió varios disparos en la cabeza. Después, los atacantes se dirigieron hacia la zona donde se encontraban Meisel y Claudia.

Ambos fueron asesinados también con disparos en la cabeza. La investigación posterior determinó que las seis balas utilizadas procedían de una misma pistola de pequeño calibre. La brutalidad del crimen hizo que desde el primer momento los investigadores descartaran que se tratara de un simple enfrentamiento improvisado.

El descubrimiento de los cadáveres

Los cuerpos fueron descubiertos durante la mañana del 12 de noviembre por uno de los empleados de Meisel. La escena que encontró resultó estremecedora. Dos de los cadáveres estaban en las instalaciones donde se criaban las aves y el cuerpo del niño se encontraba en la vivienda.

La Policía comenzó inmediatamente a buscar pruebas en una finca que ocupaba una superficie considerable. Una de las primeras pistas fue una huella de calzado con barro encontrada en una ventana de la cocina. La noche anterior había llovido con intensidad en la zona.

¿Un crimen por encargo?

La primera hipótesis que adquirió fuerza fue la de un ajuste de cuentas. Meisel era un empresario con importantes intereses económicos y, según personas de su entorno, había recibido amenazas. Además, los investigadores descubrieron que tenía abiertos varios conflictos económicos y judiciales relacionados con sus negocios.

El hecho de que los asesinos actuaran con rapidez, utilizaran armas de fuego y mataran también a los posibles testigos reforzó inicialmente la teoría de que podía tratarse de un crimen organizado. La prensa española y alemana llegó a hablar de una posible conexión con mafias internacionales. Pero nunca llegó a demostrarse judicialmente esa hipótesis.

El dinero estaba allí

Uno de los aspectos más desconcertantes del caso fue que no parecía haber un robo consumado. En la finca había dinero y objetos de valor. Según la investigación publicada por El País, Meisel guardaba más de cuatro millones de pesetas en su vivienda y llevaba además dinero encima. Sin embargo, los asesinos no se llevaron ese dinero.

Tampoco desaparecieron objetos de valor de la casa. Por eso, durante los primeros meses, la hipótesis del robo perdió fuerza frente a la posibilidad de una venganza relacionada con los negocios de Meisel.

Una investigación que cambió de dirección

Con el paso de los años, la investigación fue modificando algunas de sus hipótesis iniciales. En 2004, Diari de Balears publicó que la Policía Nacional consideraba identificados a los autores del triple crimen y que Interpol había emitido órdenes internacionales de detención.

Según aquella investigación periodística, el móvil habría sido un intento de robo y no un ajuste de cuentas mafioso. Los investigadores sostenían que los autores conocían a Meisel y habían entrado en la finca buscando un importante botín.

La situación se habría complicado cuando fueron descubiertos, provocando la muerte de las tres personas. Era una teoría muy diferente de la que había dominado los primeros años del caso.

¿Por qué mataron al niño?

Una de las preguntas más difíciles del expediente siempre fue precisamente la muerte de Patrick. El pequeño no parecía tener ninguna relación con los problemas empresariales de su padre. Si el objetivo inicial hubiera sido únicamente Meisel, la muerte del niño resultaba especialmente difícil de explicar.

La hipótesis del robo ofrecía una posible explicación: los autores habrían matado a las personas que podían identificarlos. Pero, como ocurre con otras partes de la investigación, esta reconstrucción nunca llegó a convertirse en una sentencia firme que esclareciera judicialmente todos los hechos.

El socio detenido en 2007

Una década después del crimen se produjo otro episodio llamativo. En 2007, la Policía detuvo a Seven H. M., antiguo socio de Meisel, después de que durante una borrachera hubiera realizado comentarios en los que supuestamente se atribuía el asesinato. La detención tuvo una gran repercusión porque volvía a poner el nombre de Meisel en los titulares diez años después.

Sin embargo, el juez decretó su puesta en libertad sin cargos. Las sospechas existentes no fueron suficientes para demostrar su participación en el triple asesinato.

Una recompensa millonaria

La familia de Meisel intentó durante años conseguir información que permitiera esclarecer el crimen. En 1998, cuando se acercaba el primer aniversario de los asesinatos, la esposa del empresario, Daiana Ritter, llegó a ofrecer una recompensa de 200.000 marcos alemanes, más de 16 millones de pesetas de entonces, a quien aportara información útil para resolver el caso.

Las investigaciones se desarrollaron tanto en Mallorca como en Alemania. La recompensa demuestra hasta qué punto la familia seguía intentando encontrar respuestas cuando el caso continuaba sin una resolución judicial.

Un crimen que marcó la Mallorca de los noventa

El asesinato de Manfred Meisel tuvo una enorme repercusión. No se trataba únicamente de un empresario extranjero asesinado en su casa. Era el propietario de uno de los negocios más conocidos de la Platja de Palma y una figura vinculada al enorme crecimiento del turismo alemán en la isla.

Además, el asesinato coincidió con un momento de enorme popularidad de la zona entre los turistas alemanes y con la expansión de la cultura del Ballermann. El Bierkönig se había convertido en uno de los símbolos de aquella Mallorca nocturna y turística.

De repente, su propietario aparecía muerto junto a su hijo de ocho años y una trabajadora de su finca.

Un triple crimen todavía sin sentencia

Han pasado casi tres décadas desde aquella madrugada. La investigación ha manejado diferentes hipótesis. Primero cobró fuerza la posibilidad de un ajuste de cuentas relacionado con los negocios de Meisel. Posteriormente, otras líneas de investigación apuntaron a un robo frustrado.

En 2004 se llegó a informar de que la Policía había identificado a los presuntos autores y que existían órdenes internacionales de detención. Pero el caso judicial no terminó con una sentencia condenatoria que cerrara definitivamente el expediente.

Por eso, el triple asesinato de s’Aranjassa continúa formando parte de los crímenes sin resolver de Mallorca.

El misterio del “rey de la cerveza”

Manfred Meisel llegó a Mallorca para construir un imperio empresarial relacionado con la hostelería. Terminó convertido en una de las víctimas más conocidas de la crónica negra de la isla.

Su muerte, la de su hijo Patrick y la de Claudia Leisten dejaron tras de sí un expediente lleno de preguntas: quién entró aquella noche en la finca, cuál era realmente el objetivo de los asesinos y por qué tres personas tuvieron que morir. A día de hoy, el triple crimen sigue sin una respuesta judicial definitiva.

Y aquella finca de s’Aranjassa permanece asociada a uno de los episodios más oscuros de la Mallorca de los años noventa.

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