Sitios de Mallorca que los turistas pasan de largo

Mallorca tiene lugares que aparecen en prácticamente todas las guías: la Catedral, Sóller, Valldemossa, Es Trenc, Sa Calobra, Deià… Y luego está la otra Mallorca. La de los desvíos que no haces, los pueblos por los que pasas de largo y esos rincones que están a pocos kilómetros de un lugar famoso pero que rara vez aparecen en la primera ruta que prepara quien visita la isla por unos días.

No hablamos de lugares imposibles ni de secretos que solo conocen cuatro personas. Algunos son bastante conocidos entre los mallorquines. Simplemente, no suelen estar en la lista de prioridades del turista que viene con los días contados. Y ahí está precisamente su encanto.

Llucalcari: el pequeño pueblo que queda entre dos grandes nombres

Entre Deià y Sóller encontramos Llucalcari, un pequeño núcleo de la Serra de Tramuntana que puede pasar completamente desapercibido. Está en una ladera junto al mar y conserva ese aspecto de pequeño asentamiento de montaña, con casas de piedra y un entorno muy particular. El lugar es conocido precisamente por quedar fuera de los recorridos más habituales de la isla.

Mucha gente conoce Deià y continúa hacia Sóller. Y sin embargo, entre ambos hay lugares que merecen que levantes el pie del acelerador. Llucalcari es uno de ellos.

Betlem: cuando la carretera parece terminar

En la zona de Artà hay otro ejemplo de esa Mallorca que no suele aparecer en las primeras búsquedas. Betlem es un pequeño núcleo residencial situado junto a una costa formada por varias calas de piedra y roca. La propia web oficial de turismo destaca que algunas de estas calitas reciben relativamente pocos visitantes y que la zona conserva un carácter tranquilo.

No esperes una gran playa con restaurantes y hamacas. Precisamente por eso merece la pena. Aquí el paisaje pesa más que la infraestructura turística.

Ruberts y la Mallorca que no necesita una playa

Cuando alguien piensa en Mallorca suele pensar en el mar. Pero la isla también tiene pequeños núcleos rurales que parecen vivir a otro ritmo. Ruberts es uno de esos lugares. Calles tranquilas, casas tradicionales, piedra y muy poco del ambiente que asociamos normalmente con el turismo de Mallorca.

Y tiene una ventaja: visitar lugares así cambia completamente la imagen que uno se lleva de la isla. Porque Mallorca no es solamente costa. También son caminos secundarios, campos, antiguos molinos, pequeñas iglesias y pueblos en los que la vida cotidiana continúa cuando las zonas turísticas empiezan a llenarse.

De hecho, en nuestra lista de 15 pueblos pequeños de Mallorca que merecen una visita ya hablamos de algunos de estos rincones.

Estellencs: el mar está ahí, pero no todo el mundo baja

Estellencs no es un pueblo desconocido, pero sí uno de esos lugares que muchos visitantes dejan fuera de su itinerario.

Está en plena Serra de Tramuntana y obliga a recorrer una carretera de curvas que, por sí sola, ya forma parte de la experiencia. El municipio conserva construcciones históricas y un paisaje de montaña que mira hacia el Mediterráneo. Muchos visitantes recorren la Ma-10 buscando los grandes miradores. Otros paran. Y algunos siguen conduciendo. Estellencs recompensa precisamente a quienes deciden parar.

Portocolom: el puerto que todavía conserva otra Mallorca

Hay lugares conocidos por los mallorquines que no tienen la misma fama internacional que otras zonas de Mallorca. Portocolom es un buen ejemplo. Su puerto tradicional, las antiguas casas de pescadores y el paisaje marítimo le dan una personalidad diferente a la de muchas zonas construidas pensando principalmente en el turismo.

No hace falta complicarse con una excursión. A veces solo necesitamos caminar por el puerto y mirar.

Galilea: carreteras que merecen el viaje

Galilea es otro de esos nombres que probablemente no aparecerá en el primer itinerario de alguien que visita Mallorca por primera vez. Y quizá sea mejor así. Pequeñas carreteras, montaña, casas de piedra y vistas que cambian completamente el paisaje cuando te alejas de la costa. Es uno de esos lugares que tienen más sentido cuando no tienes prisa. Porque el objetivo no es llegar a una atracción concreta. Es disfrutar del camino.

La Mallorca que se descubre sin buscarla

Algunos de estos lugares acabarán creciendo y otros seguirán siendo pequeños. Es inevitable. Pero todavía existe una Mallorca más tranquila, menos inmediata y bastante diferente de la imagen que vemos una y otra vez en las redes sociales.

Y quizá ahí esté una de las mejores formas de conocer la isla. No intentando tachar todos los lugares famosos de una lista. Sino dejando algún hueco para aquellos sitios por los que otros pasan de largo. Porque a veces el mejor lugar de una ruta es precisamente el que no estaba previsto.

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