El 15 de octubre de 2005, Julio Camacho Novo, conocido en Manacor como «Julito», acudió a una finca situada a las afueras del municipio. Lo que aparentemente era un encuentro para solucionar unas diferencias terminó convirtiéndose en una emboscada mortal.
Camacho, de 30 años, fue asesinado con una escopeta de caza. Dos hombres fueron detenidos pocos días después y terminarían siendo condenados por el crimen. El caso quedó registrado como uno de los asesinatos más recordados de la crónica negra de Mallorca.
El cadáver apareció en una finca de Manacor
La tarde del 15 de octubre, un hombre que se encontraba por la zona descubrió el cuerpo sin vida de Julio Camacho en la finca de Ses Covetes, situada detrás de sa Torre dels Enegistes, en las afueras de Manacor.
La víctima presentaba varios impactos de escopeta de caza. La Policía Nacional se hizo cargo de la investigación y rápidamente consiguió identificar al fallecido. Camacho era conocido por los cuerpos policiales y tenía antecedentes por diferentes delitos. Vivía en una caseta próxima a la zona donde apareció muerto.

Una cita que terminó en asesinato
Desde el principio, los investigadores centraron sus pesquisas en el entorno de la víctima. Julio Camacho mantenía desde hacía tiempo problemas con dos hombres que vivían en las inmediaciones. Uno de ellos era propietario de una finca de la zona y acusaba a Camacho de haber cometido robos en su propiedad.
También existían otros conflictos y deudas entre ellos. Según la investigación policial, los dos hombres concertaron una cita con «Julito» el día del crimen. La víctima acudió hasta la finca sin saber que allí le esperaba una emboscada.
Dos disparos con una escopeta
La reconstrucción policial estableció que Pedro Rosselló Rigo estaba escondido cuando Julio Camacho llegó acompañado por Francisco Javier Piña Lliteras. En ese momento se produjo el ataque.
Rosselló disparó contra Camacho con una escopeta cuyos cañones habían sido modificados. El primer disparo alcanzó a la víctima y, cuando intentó escapar, recibió un segundo tiro. La investigación consideró que los disparos se realizaron a corta distancia y que el encuentro había sido preparado previamente.
Los dos acusados ofrecieron durante la investigación una versión diferente sobre sus intenciones. Sostuvieron que pretendían darle un «escarmiento» y que no tenían intención de matarlo. Francisco Javier Piña llegó a reconocer ante los investigadores que había estado con Camacho en la finca y señaló a Pedro Rosselló como autor de los disparos.
La detención de los dos sospechosos
La Policía Nacional detuvo a los dos hombres apenas unos días después del hallazgo del cadáver. Los arrestados eran vecinos de Manacor y conocían a la víctima. La investigación avanzó rápidamente y ambos terminaron ingresando en prisión provisional el 18 de octubre de 2005.
La policía consideró que había conseguido esclarecer el crimen y puso a los dos detenidos a disposición judicial. Uno de ellos reconoció su participación y afirmó que había sido el otro quien efectuó los disparos. Pedro Rosselló, por su parte, negó inicialmente conocer las circunstancias de la muerte.
El juicio por el asesinato de Julio Camacho
El caso llegó a juicio en septiembre de 2007 ante un tribunal del jurado de la Audiencia Provincial de Palma. Durante el proceso, los acusados mantuvieron que nunca habían tenido intención de acabar con la vida de Camacho. La defensa argumentó que pretendían únicamente darle un escarmiento y planteó diferentes circunstancias atenuantes.
La Fiscalía solicitó 22 años de prisión para cada uno por asesinato y tenencia ilícita de armas. La acusación particular pidió penas todavía superiores. El jurado no aceptó la versión de los acusados y declaró culpables a Pedro Rosselló Rigo y Francisco Javier Piña Lliteras.
La condena de los dos acusados
La Audiencia Provincial condenó a ambos a 17 años de prisión por el asesinato de Julio Camacho, además de un año y medio por el delito de tenencia ilícita de armas. También se estableció una indemnización solidaria de 60.000 euros para los herederos de la víctima.
En marzo de 2008, la Audiencia Provincial de Palma ratificó la condena después de rechazar el recurso presentado por las defensas. La sentencia quedó firme.
Un crimen preparado tras años de conflictos
Con el paso de los años, la reconstrucción del caso ha presentado el asesinato como el resultado de una relación cada vez más conflictiva entre la víctima y sus vecinos. Los problemas por supuestos robos, las deudas y otros enfrentamientos terminaron desembocando en aquella cita en la finca de Ses Covetes.
La investigación policial sostuvo que la reunión había sido preparada para enfrentarse a Camacho, mientras que los condenados defendieron durante el proceso que el desenlace mortal no formaba parte de sus planes. Lo que sí quedó establecido judicialmente fue la responsabilidad de ambos en el asesinato.

El caso de «Julito» Camacho
Casi dos décadas después, el asesinato de Julio Camacho continúa apareciendo en los archivos de sucesos de Mallorca y fue recuperado también por el programa de IB3 Memòria Negra, que dedicó uno de sus episodios al caso.
La historia reúne algunos de los elementos habituales de la crónica negra: una víctima conocida en el entorno, conflictos vecinales que se fueron agravando, una cita que terminó siendo una emboscada y una investigación policial que llevó rápidamente hasta los responsables.
Pero, a diferencia de otros crímenes de Mallorca que quedaron judicialmente sin resolver, el asesinato de Julio Camacho terminó con dos condenas firmes.
El 15 de octubre de 2005, «Julito» acudió a aquella finca de Manacor. No sabía que aquella iba a ser su última cita.




